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Enamoramiento

En la adolescencia, la presencia de jóvenes del sexo opuesto, que hacía muy poco resultaba indiferente y hasta grotesco, ya en esta etapa se produce una sensación nueva y muy difícil de manejar que monopoliza todos los sentidos y no permite prestar atención a ninguna otra cosa.

De alguna forma el reflejo en el espejo llega a ser un gran enemigo pues refleja un cuerpo que no se acepta por que se anhela otro que ha sido idealizado.

La no aceptación del propio cuerpo impide o posterga e proceso de búsqueda de la identidad, del amarse a uno mismo, y que lamentablemente en muchos casos no se logra nunca.

La atracción física no es suficiente para enamorarse. El enamoramiento abarca a cualquier persona  tal como es, desde como habla, como camina, que dice, su seguridad y confianza en sí mismo, su capacidad de escuchar, de entender e incluso lo más importante aceptarse cual es sin miedo a no agradar a los demás.

En efecto, las personas se enamoran de quienes quieren ser, en este sentido no afecta la sexualidad porque se trata de un amor platónico, que la mayoría de las veces no se concreta sexualmente.

Sucede que para los adolescentes el amor romántico y la atracción sexual están disociados y unir estas dos instancias exige una maduración que muchas veces no se logra.

El primer amor siempre suele ser maravilloso y devastador. El sufrimiento y el placer atormentan y obscurecen, dejando escaso margen para hacer otra cosa. Se pierde la noción del tiempo y la percepción se distorsiona porque solo vemos lo que queremos ver, a una persona idealizada que en realidad no existe.

Sin embargo, todos tenemos la capacidad de sobreponernos al primer amor, que marcó una etapa de nuestra vida que jamás se repetirá y que aunque deje una huella dulce y amarga a la vez, nos servirá para aprender  a no disociar y poder amar humanamente a una persona total.

 
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